Por qué los católicos le rezamos a los Santos? Los católicos no creemos que los santos tengan poderes especiales o que hagan Milagros para competir con Dios. Simplemente creemos que al morir están con Cristo, y siguen siendo parte de la Iglesia: Siguen orando a Cristo por nosotros, porque siguen estando vivos. La confusión de los no católicos con la intercesión de los santos está en 1 de Timoteo 2:5. 1 Timoteo 2:5 [5]Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, Entonces sostienen, porque Jesús es el único mediador, entonces no hay intersección de los santos, pero se olvidan de leer el versículo siguiente donde nos explica cual es la mediación de Jesucristo. 1 Timoteo 2:6 [6]el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo. Vemos aquí que la mediación de Jesucristo es entregarse a si mismos en rescate por todos los hombres, por eso es el único mediador porque pagó el precio de nuestra salvación, p...
En la ciudad de Corrientes hay una mansión ubicada en la calle 25 de Mayo que está embrujada. Cuenta el “correntino de a pie” que, cuando cruza por la vieja casona de estilo francés, observa una extraña luminosidad blanca en las dependencias de ese edificio. ¿Fantasmas? Posiblemente, ¿pero de quiénes? casona abandonada viene con una historia trágica, cuyo origen nos remonta a principios de la década del 20. En mayo de 1922, Fernando Pampín y Ana María Meade se casan. Esta unión está lejos de pasar desapercibida, ya que ambos pertenecen a las familias más ricas y poderosas de Corrientes. Toda la provincia festeja la unión de este novel matrimonio. Es tanta la felicidad que la familia Meade les obsequia la enorme mansión para que los dos jóvenes vivan allí para siempre. El plan era que, luego de que Fernando y Ana María regresaran de su luna de miel por Europa, habitaran la casa. El problema es que nunca lograron poner un pie en el viejo continente. Tuvieron que regresar… muertos. P...
Durante días, un viejo andrajoso estuvo en la estación central de Newark. El jefe de estación lo seguía echando, pero noche tras noche regresaba. Seguía acosando a la gente, gritando: «¡Viene por mí! ¡Ya viene!» Cada vez que alguien le preguntaba qué venía a por él, se agarraba la cabeza y lloraba: «¡Hice mal! Maté a un hombre que me engañó en las cartas, ¡y ahora voy a pagar!» El jefe de estación finalmente llevó al hombre a un lado y amenazó con llamar a la policía si no cesaba y desistía. El viejo puso los ojos en blanco y contestó: «¡El Tren Exprés para el Infierno viene por mi alma! Tienes que ayudarme». Se escapó del jefe de estación y corrió hacia la puerta. Faltaban dos minutos para medianoche. En ese momento, se introdujo un nuevo sonido. Un largo silbato sonó, una, dos veces. El jefe de estación se asustó. El siguiente tren no llegaba hasta las 12:05. El viejo vagabundo empezó a gritar cuando oyó el silbato. El jefe de estación podía oír el rugido de un tren de vapor, qu...
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